Hola a tod@s.
Durante las largas y frías noches del mes de febrero, aún se pueden escuchar, en las arenas de Doñana, en las serranías de Jaén, en las dehesas de Extremadura, o en los montes de Toledo, los desgarradores maullidos a modo de llamada, de uno de los animales más fascinantes y a la par más amenazados de nuestra fauna; el Lince Ibérico.
Deambula el macho entre jaguarzos y jaras cuando una señal olorosa le alerta de la presencia de una hembra receptiva. En el silencio de la noche su grito ronco se oye a kilómetros de distancia. Intenta que ella lo escuche. Es una etapa crucial para sus vidas. Pero puede que él no sea el único, otro macho seguía también el rastro oloroso de la fémina. El duelo es inevitable, es el legado de los genes lo que está en juego.
Y tras una leve reyerta y varios zarpazos, uno de los dos contendientes se retira. El ganador obtiene su premio. Encuentra a la hembra con la que copulara repetidas veces durante los próximos días.
En lo más profundo del campo español, una nueva generación de linces se está gestando.
Ojalá el reinado del gran gato perdure por siempre en la naturaleza ibérica.
Saludos y que la naturaleza os guíe.
Lince Ibérico macho
El territorio también se escucha y se observa.